Maraton 1/3.
Cuando ______ dio, por primera vez, un paseo por el jardín, él no había sentido la suficiente curiosidad como para, realmente, notarla. Sí, había deseado su beso para conseguir la libertad, pero no se había fijado en la mujer en sí misma. Demasiadas hembras habían pasado y no habían hecho caso de él como para poner demasiadas esperanzas en ello. Pero ésta no le ignoró,
y ahora comprendió que debió de haberse fijado más en la mujer. Ella realmente era una visión, y mientras seguía estudiándola, algo mucho tiempo olvidado se agitó dentro de él. Alguna cosa… tierna.
Se maldijo mentalmente. Por todo lo qué era santo, no sentiría ninguna ternura hacia esa mujer. No, no se permitiría sentir nada más profundo que la excitación sexual. Cuando un hombre se permitía sentir algo más, se exponía al dolor y la traición.
Mirándole nerviosa e insegura, _______ tiró de su coleta hacia un lado. La acción le recordó como lo había derribado al suelo como si él fuera un parásito insignificante, una hazaña que ninguna otra mujer (u hombre, en realidad) hubiera hecho antes. ¡Qué destreza poseía! Que fuerza. Se imaginó toda esa energía debajo de él. Encima de él. Al lado de él. Alrededor de él. Aunque ella había dejado claro que no quería nada sexual de su parte. Bueno, solamente tendría que usar cada onza de su poder seductor para hacerla olvidar sus dudas. Sonrió ampliamente, despacio. Su seducción, y la consecuente declaración de amor, eran un reto necesario y sin duda ayudaría a que la noche pasara más rápidamente. Además, su seducción le ayudaría con su búsqueda de venganza, ya que ¿cómo podía un hombre pensar claramente cuando su libido le exigía toda su atención?
Ya no estaba inquieta, no aparentaba nerviosismo. Más bien, parecía furiosa.
- ¿Qué estás mirando tan fijamente?
- A ti. — Y continuó observándola. No tenía las delgadas caderas como las de un chico que había visto en otras mujeres de su mundo. El cuerpo de ______ era curvo, dulcemente redondeado en todos los sitios adecuados, e inequívocamente femenino. Las elevaciones suculentas de sus pechos y la generosa curva de su cintura encajaban perfectamente con su insólita altura.
- Para ahora mismo — exigió ella —. Me estás mirando como si yo fuera un caramelo, y tú no hubieras comido nada durante un año.
- Pararé cuando haya terminado y ni un minuto antes. — Ahora mismo ella vestía un delgado top y un par de drocs azules y cortados tejanos cortos, los había llamado ella. La deliciosa piel de su cuello, clavícula, brazos y piernas estaban destapadas y dejadas a la vista para su examen visual, y examinarla detenidamente todo fue lo que hizo. Tan a fondo, de hecho, que contó dieciocho pecas encima de cada hombro.
¿Tenía ella pecas ocultas en otras partes?
La mayor parte de su cabello estaba peinado hacia atrás, aunque unos pálidos mechones se derramaban libremente como calientes y brillantes rayos de sol. Ni un rizo u onda estropeaban la perfección de cada hebra. Él, de pronto, tuvo unas ganas enormes de pasar los dedos a través de la espesa y sedosa melena, y extenderla por la almohada.
Sus rasgos no eran hermosos en un sentido tradicional. No, eran diferentes, sensualmente exóticos y carnalmente
atractivos. Tenía altos pómulos, una nariz coqueta, ligeramente respingona, y grandes ojos de color ámbar
enmarcados por negras y espesas pestañas. Aquellos ojos se inclinaban ligeramente hacia arriba, dándola una
expresión permanentemente soñolienta. Y sus labios… por Elliea, cuanto más los observaba más se los imaginaba
por todas las partes de su cuerpo. Sus labios eran lo bastante exuberantes, rosados, y lo suficientemente llenos
como para lanzar un ejército a la guerra por un solo beso.
En este mismo momento aquella boca estaba separada por la sorpresa. Dio un paso directamente hacia él, su cara
convertida en una cómica máscara de incredulidad, temor y vergüenza.
- Creí que ya habías entendido que debías llevar siempre la sábana. — Incluso su voz le atraía, dulce y
ronca —. Simplemente no puedes andar por ahí desnudo. Te detendrían por exhibicionismo.
Indiferente, él cruzó los brazos sobre el pecho. La mujer parecía pensar que era su derecho, no, su deber,
sermonearle por no cumplir sus órdenes. Mientras una parte de él aplaudía su espíritu, la otra se ofendía ante
su falta de respeto. Él era un guerrero ante todo, y un guerrero no obedecía órdenes. Un guerrero las daba.
- Todavía estoy esperando oírte pronunciar la palabra por favor.
Ella lo sorprendió gritando:
- ¡Simplemente ponte la maldita sábana antes de que te tumbe en el suelo otra vez!
Él frunció el ceño. ¡Mejor ella aprendía ahora con quien estaba hablando!
- Tú me preguntarás amablemente, mujer, y quizás si me siento complaciente, me pondré la maldita sábana. Si no
estoy de humor, no hay ningún poder lo bastante fuerte como para forzarme a llevarla. — Ese no era el modo de
seducir a una mujer, lo sabía, pero se le hacía cada vez más claro que esta mujer en particular necesita.
Ese no era el modo de seducir a una mujer, lo sabía, pero se le hacía cada vez más claro que esta mujer en
particular necesitaba urgentemente de la guía masculina su guía antes de que el cariño real pudiera comenzar.
Seguramente los machos de su mundo se lo agradecerían.
Ella rechinó los dientes frunciendo también el ceño.
No preguntaré amablemente. Simplemente te inclinarás, recogerás la sábana, y te la atarás alrededor de la
cintura porque eso es lo más caballeroso y cortés que deberías hacer. Tú, después de todo, estás de pie
dentro de mi casa.-
No la hizo caso. Ella dio una fuerte patada en el suelo. Él casi se rió en voz alta, ya que, ¿quién habría
pensado que la incapacidad de manejarle causaría una reacción tan puramente femenina en alguien tan parecido a un
guerrero?
- Espero que disfrutes de la vista Michelle, porque será todo lo que verás durante toda la noche.
Silencio.
Luego:
- Por favor — susurró ella.
Sus labios se estiraron. Qué pequeño diablillo tan divertido era ella.
- ¿Ante una petición tan dulce, cómo podría yo negarme? — Recuperó el lino y, simplemente para provocarla,
lo ató lo suficientemente bajo en las caderas como para insinuar lo que se escondía debajo.
- Toma, bébete tu refresco de fresa y cállate. — Furiosa, ella le tiró una lata.
La cogió fácilmente, sin apartar su intensa mirada de ella. Aunque él había ganado la batalla de voluntades,
todavía le daba órdenes. ¿Cómo supuestamente debía reaccionar ante una orden?
¿Cómo supuestamente debía reaccionar ante un comportamiento tan rebelde en una hembra? Si ______ fuera un
hombre, sabía exactamente lo que haría: cortaría en rodajas al ofensor para silenciarlo.
- Si me vuelves hablar así otra vez, pequeña bruja, te haré callar personalmente... con mi lengua.
Ella jadeó.
Él cabeceó, satisfecho. Por fin había sido intimidada. Creyó que ahora ella actuaría tal y como correspondía.
Pero debería haberla conocido mejor.
- Esta es la segunda amenaza que haces en relación a tu lengua — gruñó ella —. Convendría que supieras, que
si te acercas a mí con ella, la morderé.-
En vez de reprenderla de nuevo, Justin permaneció en silencio, optando por fingir que ella no había hablado.
Obviamente estaba confundida y alterada por su aspecto y por los repentinos cambios en su vida, y no sabía como
manejar sus emociones. Pero ésta era sólo la única vez que le permitiría que le hablara de esa manera sin
sufrir un castigo.
Con esa decisión tomada, escudriñó cada ángulo de su "refresco" cuidadosamente. El metal era una aleación
brillante desconocida para él. Sin saber de que forma beber de ello, movió la mano en un círculo por encima de
la lata y pronunció un hechizo.
- Ábrete ahora, eso harás. Ábrete ahora, y te abrirás.
Bang.
_______ gritó y apretó una mano sobre su corazón. Líquido rojo llovió sobre ellos como una tormenta de verano.
Varias gotitas se adhirieron a su cara y cuello, mientras otras se deslizaban hacia el vello de su ombligo, pero la
mayor parte del líquido terminó en el pelo de ______ ,mojándole la cabeza.
Se maldijo mentalmente. Por todo lo qué era santo, no sentiría ninguna ternura hacia esa mujer. No, no se permitiría sentir nada más profundo que la excitación sexual. Cuando un hombre se permitía sentir algo más, se exponía al dolor y la traición.
Mirándole nerviosa e insegura, _______ tiró de su coleta hacia un lado. La acción le recordó como lo había derribado al suelo como si él fuera un parásito insignificante, una hazaña que ninguna otra mujer (u hombre, en realidad) hubiera hecho antes. ¡Qué destreza poseía! Que fuerza. Se imaginó toda esa energía debajo de él. Encima de él. Al lado de él. Alrededor de él. Aunque ella había dejado claro que no quería nada sexual de su parte. Bueno, solamente tendría que usar cada onza de su poder seductor para hacerla olvidar sus dudas. Sonrió ampliamente, despacio. Su seducción, y la consecuente declaración de amor, eran un reto necesario y sin duda ayudaría a que la noche pasara más rápidamente. Además, su seducción le ayudaría con su búsqueda de venganza, ya que ¿cómo podía un hombre pensar claramente cuando su libido le exigía toda su atención?
Ya no estaba inquieta, no aparentaba nerviosismo. Más bien, parecía furiosa.
- ¿Qué estás mirando tan fijamente?
- A ti. — Y continuó observándola. No tenía las delgadas caderas como las de un chico que había visto en otras mujeres de su mundo. El cuerpo de ______ era curvo, dulcemente redondeado en todos los sitios adecuados, e inequívocamente femenino. Las elevaciones suculentas de sus pechos y la generosa curva de su cintura encajaban perfectamente con su insólita altura.
- Para ahora mismo — exigió ella —. Me estás mirando como si yo fuera un caramelo, y tú no hubieras comido nada durante un año.
- Pararé cuando haya terminado y ni un minuto antes. — Ahora mismo ella vestía un delgado top y un par de drocs azules y cortados tejanos cortos, los había llamado ella. La deliciosa piel de su cuello, clavícula, brazos y piernas estaban destapadas y dejadas a la vista para su examen visual, y examinarla detenidamente todo fue lo que hizo. Tan a fondo, de hecho, que contó dieciocho pecas encima de cada hombro.
¿Tenía ella pecas ocultas en otras partes?
La mayor parte de su cabello estaba peinado hacia atrás, aunque unos pálidos mechones se derramaban libremente como calientes y brillantes rayos de sol. Ni un rizo u onda estropeaban la perfección de cada hebra. Él, de pronto, tuvo unas ganas enormes de pasar los dedos a través de la espesa y sedosa melena, y extenderla por la almohada.
Sus rasgos no eran hermosos en un sentido tradicional. No, eran diferentes, sensualmente exóticos y carnalmente
atractivos. Tenía altos pómulos, una nariz coqueta, ligeramente respingona, y grandes ojos de color ámbar
enmarcados por negras y espesas pestañas. Aquellos ojos se inclinaban ligeramente hacia arriba, dándola una
expresión permanentemente soñolienta. Y sus labios… por Elliea, cuanto más los observaba más se los imaginaba
por todas las partes de su cuerpo. Sus labios eran lo bastante exuberantes, rosados, y lo suficientemente llenos
como para lanzar un ejército a la guerra por un solo beso.
En este mismo momento aquella boca estaba separada por la sorpresa. Dio un paso directamente hacia él, su cara
convertida en una cómica máscara de incredulidad, temor y vergüenza.
- Creí que ya habías entendido que debías llevar siempre la sábana. — Incluso su voz le atraía, dulce y
ronca —. Simplemente no puedes andar por ahí desnudo. Te detendrían por exhibicionismo.
Indiferente, él cruzó los brazos sobre el pecho. La mujer parecía pensar que era su derecho, no, su deber,
sermonearle por no cumplir sus órdenes. Mientras una parte de él aplaudía su espíritu, la otra se ofendía ante
su falta de respeto. Él era un guerrero ante todo, y un guerrero no obedecía órdenes. Un guerrero las daba.
- Todavía estoy esperando oírte pronunciar la palabra por favor.
Ella lo sorprendió gritando:
- ¡Simplemente ponte la maldita sábana antes de que te tumbe en el suelo otra vez!
Él frunció el ceño. ¡Mejor ella aprendía ahora con quien estaba hablando!
- Tú me preguntarás amablemente, mujer, y quizás si me siento complaciente, me pondré la maldita sábana. Si no
estoy de humor, no hay ningún poder lo bastante fuerte como para forzarme a llevarla. — Ese no era el modo de
seducir a una mujer, lo sabía, pero se le hacía cada vez más claro que esta mujer en particular necesita.
Ese no era el modo de seducir a una mujer, lo sabía, pero se le hacía cada vez más claro que esta mujer en
particular necesitaba urgentemente de la guía masculina su guía antes de que el cariño real pudiera comenzar.
Seguramente los machos de su mundo se lo agradecerían.
Ella rechinó los dientes frunciendo también el ceño.
No preguntaré amablemente. Simplemente te inclinarás, recogerás la sábana, y te la atarás alrededor de la
cintura porque eso es lo más caballeroso y cortés que deberías hacer. Tú, después de todo, estás de pie
dentro de mi casa.-
No la hizo caso. Ella dio una fuerte patada en el suelo. Él casi se rió en voz alta, ya que, ¿quién habría
pensado que la incapacidad de manejarle causaría una reacción tan puramente femenina en alguien tan parecido a un
guerrero?
- Espero que disfrutes de la vista Michelle, porque será todo lo que verás durante toda la noche.
Silencio.
Luego:
- Por favor — susurró ella.
Sus labios se estiraron. Qué pequeño diablillo tan divertido era ella.
- ¿Ante una petición tan dulce, cómo podría yo negarme? — Recuperó el lino y, simplemente para provocarla,
lo ató lo suficientemente bajo en las caderas como para insinuar lo que se escondía debajo.
- Toma, bébete tu refresco de fresa y cállate. — Furiosa, ella le tiró una lata.
La cogió fácilmente, sin apartar su intensa mirada de ella. Aunque él había ganado la batalla de voluntades,
todavía le daba órdenes. ¿Cómo supuestamente debía reaccionar ante una orden?
¿Cómo supuestamente debía reaccionar ante un comportamiento tan rebelde en una hembra? Si ______ fuera un
hombre, sabía exactamente lo que haría: cortaría en rodajas al ofensor para silenciarlo.
- Si me vuelves hablar así otra vez, pequeña bruja, te haré callar personalmente... con mi lengua.
Ella jadeó.
Él cabeceó, satisfecho. Por fin había sido intimidada. Creyó que ahora ella actuaría tal y como correspondía.
Pero debería haberla conocido mejor.
- Esta es la segunda amenaza que haces en relación a tu lengua — gruñó ella —. Convendría que supieras, que
si te acercas a mí con ella, la morderé.-
En vez de reprenderla de nuevo, Justin permaneció en silencio, optando por fingir que ella no había hablado.
Obviamente estaba confundida y alterada por su aspecto y por los repentinos cambios en su vida, y no sabía como
manejar sus emociones. Pero ésta era sólo la única vez que le permitiría que le hablara de esa manera sin
sufrir un castigo.
Con esa decisión tomada, escudriñó cada ángulo de su "refresco" cuidadosamente. El metal era una aleación
brillante desconocida para él. Sin saber de que forma beber de ello, movió la mano en un círculo por encima de
la lata y pronunció un hechizo.
- Ábrete ahora, eso harás. Ábrete ahora, y te abrirás.
Bang.
_______ gritó y apretó una mano sobre su corazón. Líquido rojo llovió sobre ellos como una tormenta de verano.
Varias gotitas se adhirieron a su cara y cuello, mientras otras se deslizaban hacia el vello de su ombligo, pero la
mayor parte del líquido terminó en el pelo de ______ ,mojándole la cabeza.
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