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domingo, 16 de diciembre de 2012

23

CAPITULO #23.

- Agradecerás que no lo haga dentro de un momento.
No le dio tiempo para negarlo. Sus dedos subieron y se enredaron en su pelo, tiró de ella más cerca hasta que ni un soplo de aire los separaba. Entonces la besó apasionadamente, allí, a pleno día, donde alguien podría verlos, donde alguien podría oírlos. Una y otra vez él empujó su lengua entre los dientes de _____, acariciándola po
r dentro, tomando. Exigiendo.
Durante un momento, creyó que se resistiría, pero ______ lo sorprendió pronunciando un gemido bajo y lleno de sensualidad. Ella abrió la boca y gimió otra vez. El sonido recorrió su cuerpo, inflamándolo de necesidad. Su aliento entrecortado soplaba sobre su nariz y mejilla mientras sus lenguas bailaban desenfrenadas. Su carnal fragancia inundó su cabeza y él pensó que podría sostenerla entre sus brazos durante el resto de su vida.
La noche anterior, se había preguntado cómo sería su sabor, y ahora lo sabía: era dulce y femenino. Un sabor que en parte lo calmaba como un bálsamo y en parte lo enloquecía. ¿Sabría ella igual entre sus piernas? Sólo con pensar que la lamía allí, el fuego que ardía dentro de él rabió, un fuego que no tenía nada que ver con su dolor, sufrimiento o su deber. No, se quemaba sólo por ______, por su pasión. Ardiendo por coger sus pechos entre sus manos.
- Esto es lo que quería anoche — susurró él con vehemencia —. Esto era lo que ansiaba mientras estaba tendido en el suelo, apretando mi erección con la mano, imaginándome que eras tú quien me tocaba.
Ella gimoteó.
Él colocó sus manos sobre sus nalgas y la levantó. Ella enlazó las piernas alrededor de su cintura, presionando el centro de su feminidad contra su erección. Arriba. Abajo. Arriba, la movió, imitando los movimientos del sexo. Ella, de buen grado, se arqueaba hacia adelante y hacia atrás. Él ansió bajar su drocs y empujar profundamente dentro de ella. Ansió sentir sus apretadas paredes internas cuando ella encontrara la liberación. Estaba tan ferozmente dolorido, que decidió no esperar y tomarla ahora, dentro de su transporte encantado. Sí, tenía que sentir las oleadas de placer de su cuerpo, tenía que ver cómo se le iluminaba la cara, observar sus labios separados. Darle un orgasmo después de otro.
Su lengua se movía en sincronización con los movimientos de sus cuerpos. Él temblaba, ah, como temblaba. Estaba a punto de perder el control. Nunca había experimentado nada como esto, nunca había experimentado nada tan intenso. Justin se dijo que no tenía importancia que ella lo afectara tanto, pero no era tonto. Algo pasaba entre ellos.... crecía. Algo que quería negar, pero que no podía.
- No creo estar preparada para esto — refunfuñó ella en sus labios —. Pero me haces sentir tan bien que me cuesta pensar con claridad.
- Si estas pensando — dijo, caminando hacia el vehículo y tirando de su camisa todo el rato —, entonces piensa en cuánto placer puedo darte.
- Lo hago — susurró ella —. Realmente lo hago. Intento no hacerlo, pero anoche…
- Yo también pensé en ti. En mi mente me imaginé tus rosados pezones como bayas. Imaginé los rizos suaves y pálidos que protegen tu esencia — mientras hablaba, tocaba las partes que mencionaba.
Justin, yo... —_____ hizo una pausa. Cerrando los ojos. Abriéndolos.
En un instante, en un mero latido, la apasionada neblina se borró de su cara, dejando una expresión que decía: Preferiría quemarme en los fuegos del infierno que continuar.
- No — dijo apartándolo, con su aliento desigual e inestable —. No. Tenemos que parar.
El sudor bajó por su frente.
- ¿Realmente es eso lo que quieres? — sabía que no era así y la ignoró.
Un beso más, un toque más, y él podría enviarlos, a los dos al paraíso.
Con un chillido, ella apartó sus manos.
- Para. Tenemos que pararnos — hablaba todavía sin aliento, con tono ronco —. Estamos a la vista de todo el mundo, por Dios.
Frunciendo el ceño, él le exigió.
- ¿Es que no te he excitado? ¿No hice que tu cuerpo gritara por más?
En vez de contestar esas preguntas, ella dijo:
- Lo siento, pero no estoy preparada.
- Dame dos minutos y haré que lo estés — dejó que su voz cayera hasta un susurro seductor, una hazaña que requirió de toda su concentración —. Déjame,______. Déjame tenerte, y juro por Elliea que disfrutarás de cada momento — nunca había rogado nada en su vida, pero estaba peligrosamente cerca de ponerse de rodillas y suplicarle.
- Sé que disfrutaría cada momento — respiró ella —. Créeme, lo hago.
Él pensó que ya la tenía, hasta extendió las manos y las deslizó alrededor de su cintura, pero ella sacudió la cabeza, salió corriendo y dijo débilmente:
- No — y luego con más fuerza —. No. No aquí. Y no ahora.
Él maldijo por lo bajo.
- ¿Por qué luchas con tanta fuerza contra lo que sientes?
Ella miró a lo lejos.
- No creo que realmente quieras oír la respuesta.
- Aún así, me la dirás.
Muy bien. Ya que lo quieres saber... — la cólera se reflejaba en sus ojos cuando ella lo afrontó de nuevo —.
No estoy segura de que me gustes. Eres un mandón y un arrogante, y rechazas contestar las preguntas más simples
sobre ti, a no ser que te fastidie para que lo hagas.
- Independientemente de lo que desees saber sobre mí, con mucho gusto te lo diré. Después.
- ¡No! Ayer yo era una carga necesaria para ti y ¿ahora se supone que me tengo que derretir ante tus pies porque
eres un excelente besador? ¡No!-
Justin se pasó la mano por el pelo. Las mujeres tenían su lugar. Y ése era directamente bajo él. ______ podría
negarle su atracción, pero él pasaría cada uno de los siguientes trece días venciendo esa falsa resistencia. Y
era falsa, no tenía ninguna duda. La mujer volvió a la vida entre sus brazos, como un volcán que estalla en una
montaña.
Pero ¡por todas las leyes sagradas!, una hembra tan contradictoria le exasperaba. ¿Por qué no podía parecerse a
las mujeres modestas y complacientes a las que estaba acostumbrado? ¿Una mujer que raras veces se apartara de lo
que le dijeran? Justin sabía tratar con ese tipo de hembras. Pero con ésta…
- Me deseas, ______. ¿Crees que no puedo oler tu deseo?
Su mandíbula cayó. Enfrentándolo con un gruñido, exclamó.
- Lo que hueles es el emparedado de pavo de la pasada noche.
Luego enrojeció de la vergüenza, como si ella simplemente no pudiera creer lo que acababa de decir.
- Si usas la lengua tan expertamente en la cama como lo haces para apartarme de ti, un hombre moriría feliz entre
tus brazos — sin apenas respirar, añadió irritado —. ¿Comprendes que tu obstinación nos castiga a los dos?
El oro ámbar de sus ojos se endureció por la cólera.
- Fácilmente podría tumbarte otra vez, asno asqueroso, ¿qué tal ese castigo?
- Eres bienvenida a luchar e intentarlo — casi deseó que lo hiciera, de modo que pudiera dejarle ganar. El
pensamiento de su cuerpo encima del suyo, sus generosos pechos… Cortó aquella imagen rápidamente, sabiendo que
nada bueno saldría de ella.
- Mira — dijo ella, frotándose las sienes —. No he tenido mi dosis de proteínas matutina, por lo que estoy de
mal humor. Simplemente olvidemos que esto pasó y vamos a desayunar. Como ya te dije, buscaremos a otro psíquico
mañana.
¿Olvidar? En su mente permanecería, durante mucho tiempo, la imagen de su rostro y mirada ausentes por la
pasión. El dulce sabor de su boca. Olvidarse de su beso no era una opción para él, y le enfurecía que la
pequeña bruja pensara que le resultaría tan fácil expulsarlo a él de sus pensamientos. En aquel momento, casi
rasgó la ropa de su cuerpo para marcarla del mismo modo que ella lo había hecho, una marca eterna que la
atormentaría hasta mucho después de que él la dejara.
- No — dijo finalmente —. Buscaremos a otro hechicero ahora.
- Si esperamos otro día puedo hacer algunas averiguaciones y, con suerte, nos evitaremos otro fraude.
Él la miró por entre sus pestañas entrecerradas, durante mucho tiempo. 

22

CAPITULO #22.

- Lo tiene. Tiene un poder que, de ser correctamente alimentado, puede crecer hasta ser una fuerza poderosa. 
La esperanza creció en sus ojos otra vez. 
- ¿Cómo alimento mi poder? 
- He desarrollado una poción que atará en su interior su magia, haciendo que su carne se debilite y su espíritu interior prospere. Después de que usted beba este poderoso elixir, cantaré un cántico de fuerza y coraje sobre usted.
_____ ya tenía bastante. No había ninguna maldita forma de que Justin bebiera algo que esta mujer hubiera preparado.
- Lo que buscas no está aquí, Justin — dijo ella.
Su única respuesta fue un leve, casi imperceptible asentimiento con la cabeza.
- Espere un segund... — la mujer comenzó.
- Por Dios —______ gritó, cortándola —. Esto es un montón de mierda y usted lo sabe. La mayor parte de lo que dijo es tan ambiguo que no estoy segura de sí habló sobre un viaje a Disneyland o si usted recitaba el alfabeto — golpeó con la mano sobre la dura superficie de madera de la mesa —. Usted no puede ayudarle más que el Elfo Keebler podría. Admítalo.
Los labios de la mujer se apretaron.
- Todo lo que dije es verdad — rechinó ella —. Sólo el corazón puede dirigir a un hombre a casa. Eso, y una de mis pociones.
- Pero usted simplemente dijo que alguien cuyo nombre comienza por M podría ayudarle — indicó _____l.
Sus mejillas enrojecieron por la vergüenza o la cólera, _____ no lo sabía
- Pensé...
- Sé lo que usted pensó —______no esperaba sonar tan borde, pero caray, odió que alterara a Justin—. Él me llamó ______, por lo tanto usted consiguió esa visión de la letra A. Y la cosa que usted ha... — se paró, dudando de si debía confesar los verdaderos orígenes de Justin. Su mirada se clavó en él. Parecía tan perdido, quería volver a casa tan desesperadamente, que ella decidió que la confesión de que era un extraterrestre valía la pena, aun corriendo el riesgo de parecer que estaba loca —. La cosa que usted falló en adivinar consiste en que no hablamos de una casa emocional aquí, hablamos de otro planeta.
- Entonces, son extraterrestres, ¿verdad? — preguntó la mujer sin inmutarse, como si ella hubiera oído esa afirmación un millón de veces antes —. Lo sabía desde el momento en que entraron — sacó una botella pequeña y oscura de su bolsillo —. Beba esto y usted verá....
¡Argh! _____ saltó, sus puños apretados con fuerza.
- Puede coger sus pociones y metérselas por donde...
- Suficiente.
La voz de Justin retumbó en las paredes.
Todo se calmó al instante.
- Es hora de marcharse, ______ — no esperó su respuesta.
Simplemente se puso en pie y salió silenciosamente del edificio.

Todo hombre poseía un miedo, un miedo que lo consumía, que podía conducirlo al borde de la locura.Justin acababa de descubrir el suyo. Quedarse atrapado en este mundo, abandonado para toda la eternidad, le asustaba hasta el tuétano de los huesos. Sabía que la posibilidad existió desde el principio de su maldición. Pero ahora, la realidad le superaba con más fuerza que antes de su final liberación.
Libre, pero no totalmente.
No podía irse a casa hasta que se ganara el amor de ______, hasta que lo aceptara. Tenía sólo trece días más para conseguirlo, y a este paso, él también se enamoraría. Pero él no podía enamorarse, no quería enamorase. Era un hecho que ningún auténtico hechicero vivía aquí, que no conseguiría los medios para volver a casa por el momento.
Estaba de pie en el exterior de la casa del falso místico, sus piernas separadas, sus brazos cruzados tras la espalda y los músculos tensos. Esa era la postura de un guerrero, una que normalmente se usaba justo antes de la batalla, cuando los planes y las estrategias eran realizados.
Y ésta parecía la mayor batalla de su vida.
Su primer instinto había sido correcto. Ninguna magia residía en la Casa del Misticismo. Lo supo incluso antes de dar un paso dentro y lo supo después. Aunque tontamente se había aferrado a la esperanza. Ahora se veía forzado a afrontar la verdad.
¿Desde cuándo los místicos estudiaban la mano de un hombre para abrir un vórtice? Uno sin ninguna magia auténtica o capacidad, se contestó sombríamente. Lo irónico era que el farsante que vivía en ese edificio, lamentablemente, había dicho algunas verdades. Debería poseer el suficiente poder para volver a casa. La magia habitaba dentro de él, mucha magia... pero era una fuerza que no podía controlar, por lo tanto, era una fuerza que no podía utilizar. ¡Maldita sea! Un simple hechizo era todo lo que necesitaba. Un simple hechizo, aunque no tenía esperanzas de alcanzarlo.
De todos modos, él lo intentó otra vez. Cerró los ojos, levantó los brazos en el aire y pronunció las palabras necesarias. Mientras hablaba, el aire de su alrededor se arremolinó, dando vueltas y vueltas, más y más rápido, y entonces… paró. Lo intentó otra vez. Nada. Otra vez. Nada.
Dejó caer los brazos a los lados, con cada uno de sus fracasos (con ______l, el psíquico y sus inútiles poderes)
pesándole sobre los hombros. ¿Por qué la magia y los encantamientos les resultaban tan fáciles a la gente de su
madre y tan difíciles y frecuentemente desastrosos para él? ¿Por qué? ¿Quizás poseía demasiada fuerza
física? ¿Acaso su capacidad sobrenatural de cazar y destruir a sus enemigos, de algún modo, debilitaba su
capacidad mágica? Si era así, con mucho gusto abandonaría tal regalo, ¿de qué le servía si no podía luchar
contra su mayor enemigo?
Justin apretó los dientes y el aire quemó en su garganta. El orgullo le exigía que vengara todos esos palmos
perdidos, a sus compañeros y amantes. El orgullo le exigía… y aún así, no podía hacer nada.
Soltó una risa oscura, sin sentido del humor. La maldición dio la bienvenida a su frustración como una enfadada
nube tormentosa daba la bienvenida al delirante viento, ambos listos para soltar un torrente de dolor y
sufrimiento. Con los puños apretados, luchó por encontrar algo de paz interior. Un minuto dio paso a otro y su
lucha se volvió infructuosa. Necesitaba una salida, algo, algo para calmar los bordes afilados de sus emociones.
Una mano suave, dulce, tocó su hombro.
- ¿Estás bien? — Preguntó una voz aún más dulce —. Sé que no fue como esperabas y siento mucho haberte
traído aquí, pero encontraremos a alguien más. Había montones de nombres en la guía telefónica y te prometo
que visitaremos a otro psíquico mañana
Yo iría ahora, pero tengo miedo de que otro fracaso… — las palabras de Mishel intentaran calmarlo —.
Simplemente creo que sería mejor esperar hasta mañana.
Él miró fijamente sus dedos maravillosamente delgados, su pálida piel contra la suya. Durante un crudo momento,
aquel toque le hizo sentir como si hubiera abrigado su odio y resentimiento durante demasiado tiempo, como si él
no tuviera nada que temer. Todavía ansiaba una salida y ella acababa de proporcionarle una. Se empapó con su
belleza, dejándole calmar sus heridas internas como una caricia.
- Te advertí de las consecuencias si me tocabas, _____ — dijo, su tono aparentemente suave.
Ella retiró la mano a un lado.
- ¿Qu-qué quieres decir?
- Si me tocas primero, a cambio, yo tengo derecho a tocarte. Algo con lo que tú estuviste de acuerdo.
- ¡Parecías trastornado... yo no creí... no era una invitación!
- ¿No lo era? — se giró para afrontarla, cogió sus antebrazos entre sus manos y la acercó. Pecho contra
pecho. Dureza contra suavidad.
- Aléjate de mí — le dijo acaloradamente, aunque no hizo ningún movimiento para apartarse. No, ella se hundió
más cómodamente contra él —. Déjame ir — dijo ella otra vez, esta vez con un suspiro de rendición.
Él no quería soltarla; quería abrazarla fuertemente contra él hasta que ella sólo separara sus labios para
gritar su nombre. Ella debió sentir su necesidad, ya que sus ojos se clavaron en los suyos, ámbar contra azul.
Ninguno apartó la mirada.

21

CAPITULO #21.

¿Cuánto tiempo había pasado en Imperia? Si, como aquí, habían pasado mil palmos, ¿cuántos de sus amigos habían poseído la suficiente magia como para sobrevivir todos esos palmos? ¿Cuántos habían muerto? ¿Cuántos vivían todavía? ¿Cómo lo recibiría su familia? ¿Le darían la bienvenida con los brazos abiertos o lo considerarían un extraño? Justin inspiró profundamente. El suave olor du
lce del aire lo sintió sucio en su nariz.
- Estaré a tu lado todo el tiempo — la voz de ______ le abrigó el cuerpo como una capa suave, consoladora.
Su mirada buscó la suya y observó como una serena sonrisa curvaba su boca, una sonrisa que iluminaba toda su cara. Un hombre podría perderse en su sensualidad y olvidar todos sus problemas. Olvidar su impaciencia por marcharse.
Justin cambió su peso de un pie a otro y se esforzó por apartar la mirada. La mujer era una necesidad desesperada y continua y, compendió, que cada vez le costaba más trabajo mantenerse alejado de ella.
A lo mejor cuando se marchara, se la llevaría con él; la instruiría en las formas apropiadas de comportarse con un hombre, mientras se ganaba su afecto con sus obvios encantos. Él podría hacerle el amor muchas, muchas veces, con la mágica Imperia rodeándolos. Mejor aún, _____ podría servirle como una seductora distracción si su familia lo abandonaba.
Tan rápidamente como la idea se formó en su mente,Justin la desechó. Conseguiría lo que necesitaba de ella y luego la abandonaría aquí. No había espacio en su vida para una mujer de otro planeta, sobre todo, si le hacía sentir cosas que no quería considerar.
- Cuando finalmente estemos juntos, _____, muchos mundos temblarán.
- Sí, bien… —_____ hizo una pausa.
No sabiendo qué más decir, algo que sólo le pasaba con Justin, se giró para afrontar la puerta. El pomo giró fácilmente y dio un paso dentro, hundiéndose en la alfombra Borgoña. Justin la siguió esta vez. Los finos cabellos de su nuca se pusieron de punta, alzándose hacia él, deseando su toque.
¿Por qué respondía con tanta facilidad ante este hombre?
Cuando la puerta se cerró de golpe, una campana tintineó para anunciar su presencia. Se quedaron de pie en silencio, esperando, pero nadie los saludó. No había ningún empleado en la pequeña estancia. Ningún cliente.
Zarcillos de humo se elevaban del perfumado incienso a jazmín, flotando y dejando su aroma por todas partes de la desordenada habitación. La débil iluminación y las brillantes paredes le daban un ambiente místico, ayudado por la música suave y lírica que sonaba de fondo.
Finalmente, una mujer de cabellos oscuros que parecía estar en la mitad de la cincuentena, se adentró en la decorada estancia. Con sus grandes ojos color avellana y prominentes pómulos, sus rasgos eran atractivos, aunque envejecidos antes de tiempo. Ella vestía pantalones negros y una blusa blanca hechos a medida, completamente en desacuerdo con su negocio de adivina. Mirándola fijamente, a ______ le venían dos palabras a la cabeza: profesional y legal.
La sospecha creció al instante en la mente de _____l.
Justin entendía más de magia, se recordó ella. Dijo que había una posibilidad de que este psíquico tuviera el poder que necesitaba y ella tenía que permitirle que descubriera la verdad, fuera buena o mala.
- ¡Hola! — Saludó la mujer —. Bienvenidos a mi humilde establecimiento — tenía el cultivado acento de una dama de buena familia inglesa—. ¿Cómo puedo ayudarles? "
Justin prescindió de bromas.
- ¿Posee usted el poder de abrir un vórtice?
La mujer juntó sus manos y tamborileó sus uñas, de manicura perfecta, unas contra otras.
- ¿Exactamente en qué tipo de poder piensa usted?
Rápidamente, _____ colocó una mano sobre la boca deJustin.
- ¿Por qué no nos da usted la respuesta a esa pregunta? Seguramente "una vidente" profesional podría contestar una pregunta tan simple.
Justin miró con curiosidad la mano en su boca, pero no se apartó de su agarre. Él cogió su palma y la capturó en el calor de su propia mano.
- No vuelvas a hacerme callar, _____— gruñó él suavemente, las palabras susurradas sólo para ella —, a no ser que uses tu lengua.
- Ah, el joven amor — suspiró la mujer.
Primer error, casi dijo______, sus dudas aumentando cada vez más.
La mujer más vieja le ofreció una débil sonrisa, profundizando las arrugas de las esquinas de sus ojos.
- ¿No cree en lo sobrenatural, querida?
- Creo en los hechos — contestó ______, tratando de ignorar que Justin aun sostenía posesivamente su mano derecha.
Simplemente, había algo completamente satisfactorio en mantener sus manos unidas, una sutil, tranquilizadora y tangible muestra de afecto. Incluso aunque él no sintiera nada por ella, nada importante de todos modos, la acción le hacía sentirse necesitada.
- También yo creo en los hechos — contestó la mujer.
- Entonces entenderá por qué le exijo la prueba de sus capacidades — dijo ella.
Su extraterrestre no conocía nada de la Tierra, no sabía nada sobre la gente que a menudo intentaba estafar a las
personas confiadas. Si esta mujer era realmente una bruja, tendría que demostrarlo.
- Desde luego que lo entiendo. Siéntense, siéntense — con una ondulación delicada de la mano, la inglesa
señaló hacia una pequeña mesa detrás del cuarto —. ¿Querrán algo para beber? ¿Café? ¿Té? Hasta tengo un
maravilloso elixir herbario que promueve la actividad cerebral.
- No, gracias — contestó ______, sacudiendo su cabeza. Aunque el elixir herbario picó su interés, no iba a
relajar la guardia —. Estamos bien.
Justin la remolcó hasta la mesa. Después de que ella se sentara en medio, él comprimió sus largas piernas
debajo de la pequeña y bajita mesa. La mujer tomó asiento justo delante de ellos.
- Deme su palma — dijo inmediatamente a Justin.
Sus labios se tensaron y él le dirigió una cortante mirada a ______.
- ¿Todas las mujeres de aquí dan órdenes a un guerrero?
- Ya lo creo. Ahora dale tu mano.
Nubes tormentosas de furia llenaron los ojos de Justin, pero hizo lo que le pidió.
La mujer se encorvó sobre su palma, remontando cada línea con una uña larga y ovalada.
- Desea encontrar el camino a casa. ¿Correcto?
- Sí.
- No puede hacerlo solo — una declaración, no una pregunta.
Ese comentario hizo que apretara su mandíbula otra vez.
- .Todo lo que necesita es alguien para dirigirle — dijo la mujer —. ¿Digo la verdad? — Sí.
El duro tono de su voz, como un martillo que golpeaba una pared, causó que los dedos del pie ______ se curvaran,
ella estuvo enormemente contenta de que su atención no estuviera dirigida hacia ella. Con interés, observó y
escuchó la conversación entre Justin y la mujer. Siempre que la inglesa hablaba, Justin se movía incómodo en su
silla. Su rostro parecía tanto furioso como triste, como si acabara de aceptar que esto no iba a funcionar, pero
se aferrara a ello de todos modos por si ocurría un milagro.
- Alguien puede ayudarle — decía la mujer —. Alguien le ayudará. Alguien cuyo nombre es… estoy obteniendo
la visión de la letra M. Sí, sí. Alguien cuyo nombre comienza con la letra M le devolverá a casa. ¿Conoce
usted a alguien cuyo nombre comienza con M?
- Sí — no pareció feliz con eso tampoco.
- Bueno, bueno — siguió estudiando su mano —. Predigo que...
- No necesito tus predicciones, mujer — de pronto, su furia venció a la tristeza y la esperanza —. Tengo que
saber si puedes abrir un vórtice de modo que yo pueda dejar su mundo y entrar en el mío. ¿Puedes hacer eso o no?
- Tiene el poder dentro de usted para ir a cualquier parte que desee.
Los ojos de Justin se estrecharon en diminutas rendijas.
- No tengo el poder dentro de mí. Eso es un hecho. 

20

CAPITULO #20.

- Tú puedes estar dispuesto a saltarte el desayuno, pero yo no. Café y una tortilla con queso, eso...
- No. Está decidido.
- Pero... 
- No,______.
- Está bien — refunfuñando, cogió la guía telefónica del anaquel bajo el microondas —. Tenemos tiempo para visitar a un psíquico. Uno. Si éste no trabaja, no tendrás suerte por hoy. Tengo hambre y tengo trabajo que hacer, y sólo prometí llevarte a un sitio — rezó simplemente para que él entendiera que eso era lo justo.
- Si lo que quieres es convencerme de comer primero, tales payasadas no son necesarias. He decidido que te permitiré convencerme....en la cama.
Siempre volvía a lo mismo.
- Sabes, cabe la posibilidad de que tú me dieras un millón de orgasmos y yo, aun así, no me enamore de ti. Por tu propio bien, deberías replantearte tu estrategia.
¡Ja! ¡Chúpate esa!, pensó ella, hojeando las páginas amarillas.
- El único modo de estar seguros es dejándome darte un millón de orgasmos.
Sin echarle un vistazo, ella contestó.
- No.
¿Cómo pudo ser tan tonto como para pensar que sus desafíos eran divertidos? se preguntó Justin. La mujer lo volvía loco con sus negativas. No me toques. No me gustas. No me hagas temblar de placer.
Si la necesitara simplemente debido a la maldición, quizás, el oírle decir que "No" no le molestaría tanto. Pero, sin embargo, cada vez que la veía, hablaba con ella, pensaba en ella, ______ levantaba emociones en su interior que él preferiría no tener. Ella, poco a poco, se le estaba metiendo bajo la piel, y eso no le gustaba. Se suponía que era ella la que se enamoraría de él, y no al revés. Él sabía demasiado bien que estas sensiblerías románticas eran peligrosas.
No comprendía como ella se podía apoderar de él con tanta rapidez y pericia. ¿Manejaba algún tipo de magia que no podía sentir? Quizás. Sí, quizás. Eso explicaría muchas cosas. Maldición, creía que estaba seguro aquí, tanto mágica como emocionalmente. Y aquí estaba él, de pie, queriéndola, necesitándola, como nunca había querido a ninguna otra. Bueno, tenía que hacer algo para evitar enternecerse aún más. Pero, ¿cómo podía luchar contra ella y ganarla al mismo tiempo?
- Aquí hay uno — dijo ______, su dulce voz interrumpiendo sus pensamientos —. La Casa del Misticismo. Un lugar donde los deseos más profundos son hechos realidad — hizo una pausa —. Me suena a broma pesada, pero tú eres el experto. Está sólo a cinco kilómetros de aquí, y el anuncio dice... " que el dueño posee el poder antiguo de los Druidas” — anunció ______ con voz burlona
¿Druidas? Justin se enderezó y le prestó toda su atención. Aunque no pudiera leer la lengua de ______, le arrebató el grueso tomo amarillo de sus manos y buscó la página. Druida. Druida. Druida. El nombre golpeaba en su cabeza, como un eco de salvación. Seguramente esto no era ninguna coincidencia. Conocían a la gente de su madre como los Druinn. Quizás fueran los mismos.
- Y bien, ¿qué piensas? — Preguntó_______, observándolo fijamente por encima del escudo de sus espesas pestañas —. ¿Suena como la clase de lugar que buscabas?
Él asintió
- Es exactamente la clase de lugar que busco. No perdamos más tiempo. Nos vamos inmediatamente.
_______ decidió aceptar que el día sólo iba a peor cuando se encontró parada delante del viejo y destartalado edificio con un neón que rezaba SABÍA QUE ENTRARÍAS en brillantes letras rosadas.
La luz del sol destellaba con fuerza sobre la descolorida pintura amarilla, azul y dorada que decoraba la madera astillada. Faltaban varias tejas de la azotea, y algunas, notó, estaban esparcidas a través del césped delantero y encajados entre los hierbajos. Ella se deprimió ante tal atrocidad y luchó contra el impulso de ofrecer sus servicios, gratuitamente, simplemente por liberar al mundo de esa vista tan horrorosa.
- ¿Estás seguro de que es la clase de sitio que buscas? — le preguntó a Justin por tercera vez.
Su mirada exploró el recinto, recogiendo cada detalle.
- ¿Es esta la casa del psíquico Druida? — eso era lo mismo que había contestado antes.
- Sí.
- Entonces es exactamente la clase de sitio que busco.
______ continuó poco convencida.
- En vez de confiar en alguien más, ¿por qué simplemente no juntas tus talones y pides que te envíen de vuelta a casa?
Un músculo se movió en su mandíbula y los segundos pasaron en silencio.
- ¿Y bien?
Nada.
No necesito esas ofensas, pensó ella sombríamente. Siempre que le preguntaba algo personal, él se enfadaba, como si ella no tuviera ningún derecho a conocer nada sobre él. Por supuesto, el se llevaría su corazón. ¿Pero darle aunque fuera una diminuta información personal? Infiernos, no.
- Vamos — dijo ella, enfadada con él... y consigo misma —. Vamos a terminar con esto.
El hombre era demasiado reservado, demasiado obstinado y estaría mejor sin él. Si este psíquico tenía el poder de ayudarle, ______ decidió en ese instante que mentiría y le diría que lo amaba sólo para conseguir echarlo de su vida .
Con la cabeza alta, caminó hacia la entrada. Extendió la mano, tocó el pomo y se quedó de pie, esperando.
Justin no se acercó a su lado. Frunciendo el ceño, ella se giró. Su extraterrestre estaba de pie en el mismo
lugar en el que le había dejado, su barbilla inclinada a un lado, sus piernas separadas.
- No percibo nada de magia aquí — dijo él.
Su propio ceño se hizo más profundo. Él cerró sus ojos y soltó el aire.
- Tampoco sentiste la magia en mi contestador automático, y mira lo que hiciste.
- Esto es diferente.
Ella quiso preguntar por qué era diferente, pero sabía que no conseguiría ninguna respuesta.
- ¿Quieres marcharte?
- No — aún así no se acercó a la entrada.
¿Estaba simplemente nervioso? ¿Previendo el éxito? ¿El fracaso? O ¿tenía razón? Realmente no había magia
aquí. Ella así lo creía y decidió advertirle de lo obvio.
- Si no hay magia, no serán capaces de ayudarte.
- El más poderoso Druinn es capaz de disfrazar y ocultar su poder.
Pese a todo, no parecía convencido de que ese fuera el caso aquí. De hecho, cada emoción, excepto la
convicción, pasó por sus rasgos: duda, esperanza y determinación.
En aquel momento, su comportamiento la conmovió. Él quería volver a casa; no podía culparlo por eso. Si la
situación fuera al revés, ella desearía lo mismo y haría algo, usaría a cualquiera, para conseguir lo que
quería, y probablemente tampoco compartiría información personal con extraños. Al menos, él era honesto sobre
sus intenciones.
Entremos e intentémoslo — dijo ella suavemente.
- Necesito un momento más.
- Bien. Tómate el tiempo que necesites.
Justin se pasó la mano por la cara. Aunque todo dentro de él gritaba para que abandonara este lugar, no podía
alejarse. Si había una posibilidad, por pequeña que fuera, de descubrir lo que necesitaba, tenía que entrar.
Cuando intentó mover sus piernas, sin embargo, se negaron a obedecer. Frunció el ceño. ¿Qué lo mantenía allí
de pie? ¿La duda? Quizás. Aunque sabía que eso no era todo. Mientras las preguntas se arremolinaban en su mente,
una extraña emoción se extendía a través de él, una emoción que no podía identificar... o quizás, no
quería identificar.

19

CAPITULO #19.

- ¿Realmente crees que bromearía sobre mi libertad? — la convicción absoluta en su voz sonó alta y clara.
- No — dijo ella suavemente —. Imagino que no. 
- Mi hermano lo planeó todo para que otra me besara, una mujer a la que yo desprecio. Creyó que podría ser divertido el que me viera forzado a perseguir a una mujer que aborrezco. Pero fuiste tú, tú y no ella, quien me salvó — Just
in suspiró —. No era mi intención contarte todo esto ______ . Pero eres tan obstinada que pensé que no había otro camino. ¿Puedes intentar, al menos, ayudarme?
- No sé como contestar a eso.
La enormidad de la situación la golpeó como un martillo. El destino de Justin dependía de ella. Dios mío. Él también podía haberle pedido que convirtiera su pelo en oro de catorce quilates y lo tejiera.
- Me temo que, si te dijera que te amo, sería una mentira.
- Eso ya lo sé, pero yo puedo hacer que me ames — dio un paso hacia ella —. Sólo dame una oportunidad y le daré a tu cuerpo un placer inimaginable.
- ¿Cómo haría eso que me enamorara de ti?
- El placer corporal a menudo conduce al amor en una mujer.
Por un breve momento, ______ vaciló. Oh, ella no dudaba de su afirmación, y esto era lo que más la asustaba.
- ¿Si dijera que sí y terminara entregándote mi corazón, te quedarías aquí conmigo? ¿Durante un tiempo?
Él sacudió rígidamente la cabeza.
- No.
Ella soltó una risa inestable, desprovista de humor.
- Me pides mucho, pero das poco a cambio.
- Eso también lo sé — aunque parecía correctamente apenado, no ofreció una sola concesión —. Puedo hacer que valga la pena, dándote placer.
Señor, ¿qué iba a hacer? No podía decirle que no; arruinaría su vida. No podía decirle que sí; arruinaría la suya.
- Tendrás que darme tiempo para pensar en todo esto.
Él frunció el ceño.
- El tiempo es mi enemigo.
- Bueno, es todo que te ofrezco ahora mismo. Tómalo o déjalo.
Él soltó un largo suspiró.
- Lo tomaré.
Ambos se quedaron en un incómodo silencio.
- Sabes — dijo ella finalmente para disipar la tensión —, tendrás que usar un poco de magia para afilar ese cuchillo que me robaste — esa línea de conversación parecía bastante inofensiva —. Es para usarlo en la cocina, no en la batalla.
- Antes lo habrás usado para partir animales.
Maravilloso. Simplemente maravilloso.
- He cogido prestadas otras armas de tu casa, también — añadió él.
Como si hablara de algo tan doméstico como unas zapatillas de conejito, él se volvió hacia la nevera, despreocupadamente.
El temor se deslizó por su espina dorsal, glacial y opresivo. La mañana había comenzado mal y cada vez se ponía peor.
- ¿Qué, exactamente, has cogido prestado?
Él había encontrado un par de zapatos viejos de Gray, y observó cómo le mostraba las tijeras atadas con correas a su tobillo izquierdo, el cuchillo sobre su tobillo derecho, la espátula metálica en su cadera y el rodillo de cocina en su espalda, anclada por la cinturilla de sus pantalones.
- ¿Qué vas a hacer con eso? — señaló el rodillo de cocina con la mano.
- Cuando las armas afiladas me fallen, golpearé a mi enemigo hasta la sumisión.
- ¿Y la espátula?
- No estoy seguro, pero seguramente quien la diseñó estaba pensando en la tortura.
Una tortura, tenía razón.
- No puedes ir por ahí matando y torturando a la gente. Eso no es algo que se haga en este planeta — dijo las palabras con la suficiente fuerza como para que él se enterara —. Ponlo todo en su sitio ahora mismo.
- No — una dura chispa oscureció sus ojos, y sacudió la cabeza —. En esto no me convencerás. Entrando en una situación desconocida, un hombre debe estar preparado para lo peor.
Tenía razón, pensó ______ , pero nunca lo admitiría en voz alta. Estar preparado para lo peor era la primera lección en la autodefensa. Aunque en ninguna de sus clases se había mencionado el derrotar a un atacante con una espátula. Un lápiz, tal vez. Incluso llaves.
Realmente, ¿qué daño podía hacer si se quedaba algunas de esas "armas"? Ella nunca las usaba, de todos modos. Y si le hacían sentirse más seguro, pues eso era lo más importante. No podía imaginarse el ser transportada a otro mundo, sola e indefensa.
- ¿Por qué no hacemos un trato? — sugirió —. Puedes quedarte con las tijeras y la espátula.... — y sintiéndose como una idiota, añadió — ...pero los cuchillos y el rodillo de cocina permanecerán aquí.
El silencio llenó la estancia mientras él consideraba su oferta.
Finalmente, él cabeceó.
- Acepto el trato. ¿Ves lo dispuesto a negociar y lo razonable que soy?
- Oooh, eres un autentico asno — su cara se iluminó, y ella añadió —, ¡no te daré una moneda, antes besaría tu..... De acuerdo, simplemente no es justo!
Sus ojos centellearon con alegría, haciendo que su pálido iris brillaran como diamantes en un cielo nocturno.
- No me tomaré la molestia de castigar tu impertinencia... a no ser que, por supuesto, desees el castigo en la cama. Tenemos tiempo suficiente antes de visitar al hechicero.
Ella hizo rodar sus ojos, tratando de exteriorizar frescura y naturalidad. En el interior, sin embargo, su cuerpo
gritaba ¡hip, hip, huuurraaa, todavía hay tiempo!
- Asegúrate de que las armas están ocultas cuándo salgamos de casa, ¿vale?
- No soy un jovencito inexperto — su alegría fue sustituida rápidamente por la ira —. Sé que las armas deben
ocultarse mientras no haya indicios de batalla.
Bueno. Con cada palabra que decía, su irritación aumentaba. Ahora mismo él parecía listo para atacarla con los
cuchillos por haber desafiado e insultado su inteligencia. Hora de cambiar de tema.
- ¿Encontraste algo bueno para comer?
- No — su expresión perdió la mayor parte de su irritación —. No me enseñaste a preparar esto — sostuvo
un tupperware lleno de pasta. Una delgada capa de queso y mayonesa cubría la superficie.
Ewww, pensó. Él había tratado de hacerse un emparedado con eso.
- Es lo más duro, insípido y asqueroso que he comido alguna vez.
Alex notó varias señales de mordiscos alrededor de las esquinas del tupperware. La risa amenazó con burbujear
fuera de su garganta, pero se la tragó.
- Eso es el recipiente, tonto. La comida de verdad está dentro — curioseó el plástico con los dedos. La
acción hizo que rozara su mano, enviando una sacudida eléctrica por todo su brazo. Inestable ahora, dejó el
plástico a un lado —. De todos modos, no querrás esto para desayunar.
- Pero estoy hambriento, y no tienes nada más — se acarició la mandíbula.
Ufff, alojar a un extraterrestre era más caro de lo que ella había previsto.
- Hay una cafetería a unos quince minutos de aquí. Hacen los mejores batidos. Podemos estar fuera en menos de una
hora.
En su rostro brilló débilmente el placer una fracción de segundo antes de que el pánico se colocara allí. Un
momento más tarde, se puso pensativo. Negó con la cabeza.
- No — su tono no reflejaba ninguna emoción —. Primero iremos al hechicero. Estoy impaciente por encontrar al
que me llevará a casa. Después de eso, me concentraré en ti. Y te conseguiré,_______ . No lo dudes —eso
último fue dicho en un tono oscuro, desafiándola a contradecirlo.
Ella jadeó. 

18


CAPITULO #18.

Nunca me das lo que quiero, se quejó su cuerpo, y quiero a Justin.
Acallándolo, su mente le replicó. ¡Es que no tenemos bastantes problemas!
Azulejo. Lechada. Azulejo. Lechada. Con la voz deJustin amortiguada y su imaginación ocupada colocando azulejos, despacio, muy despacio, sus sensibilizados nervios se calmaron. El escozor de la anticipación se aquietó. Cuando creyó que había
 transcurrido el tiempo suficiente, dejó de fingir los ronquidos y se quitó las manos de los oídos.
El bendito silencio le saludó.
Entonces, como si él estuviera en armonía con ella en cada acción, cada sentimiento y pensamiento, Justindijo:
- Sólo di las palabras,_______. Dilas y danos a los dos la liberación.
- De acuerdo, diré las palabras — sus uñas se clavaron profundamente en sus piernas, dejando marcadas unas medias lunas —. Diré cállate o márchate. ¡Por favor! Tenemos que madrugar y ya son las dos de la mañana. Después de que te lleve ante el psíquico, tengo que ir a trabajar. Necesito descansar.
Cinco. Diez. Quince minutos pasaron. Él no habló más. Ella hasta ni lo oyó respirar.
En el silencio que siguió, los párpados de _______ comenzaron a cerrarse. Ella cogió la laca para el cabello otra vez, lista a saltar de la cama y golpearlo con él en la cabeza si él se atrevía siquiera a roncar. Al cabo de un rato, su agarre se relajó y rodó a un lado. Su último pensamiento antes de que su mente fuera a la deriva, antes de sucumbir a la oscuridad, fue que aquel hombre necesitaba que lo amordazaran, y que ella mereciera unos azotes por permitirle entrar aquí desnudo.

La mañana amaneció clara y despejada.
- Yo también necesito despejarme — refunfuñó _______.
Luego gimió. Sus ojos ardían y su cabeza palpitaba. Necesitaba un atracón de proteínas o pronto se encontraría en un hospital, hundida en un coma por tomar cafeína.
Normalmente hacía ocho kilómetros de footing cada mañana. Hoy, sin embargo, iba a hacer una excepción. En este momento, no podría hacer footing ni al cuarto de baño aunque su vejiga dependiera de ello.
Las sábanas y mantas se enredaban a su alrededor como el capullo de una mariposa. Se quejó con un pequeño suspiro mientras se peleaba con ellas para liberarse. Había algo tirado en el suelo, pero como no era un batido de proteínas, no se inclinó para recogerlo. Frotándose los ojos, llegó a trompicones hasta el cuarto de baño.
Se lavó la cara, luego se cepilló los dientes y el pelo. El reflejo que le devolvió el espejo estaba vidrioso por...... algo. Cansancio. Mucho cansancio. Esperando que el agua caliente, y mucho vapor, la ayudara, se metió en la ducha. Cuando salió, se colocó su bata, sintiéndose menos grogui, pero todavía ansiando un atracón de dulce fruta. Una vez que por sus venas corrieran bastante B12 como para estimular a los jubilados de Sandy Meadows, estaría lo suficientemente despierta como para tratar con Justin.
¡Justin!
Los ojos de ______ se abrieron consternados ¿Cómo podía haberse olvidado del atractivo extraterrestre que dormía en su cuarto?
Con palpitaciones en el corazón, y ondeando su blanco albornoz, salió corriendo del cuarto de baño; explorando el suelo, sólo vio el bote de laca.
Justin se había ido.
Lo único que recordaba su presencia era la almohada arrugada y la manta enredada, juntas en un montón a los pies de su cama. Ella cogió algo de ropa del armario y se la puso a toda prisa mientras corría a través del cuarto. Apenas había conseguido cerrar la cremallera de sus pantalones vaqueros cuando entró en la sala de estar. Ningún signo de su extraterrestre.
¿Y si su madre lo había tele transportado de vuelta? Peor, ¿y si estaba todavía aquí, en su casa, examinando sus cosas? El estómago de ______ se hizo un nudo cuando se imaginó su ropa sucia esparcida por el suelo y sus electrodomésticos rotos y tirados por ahí. Atravesó el comedor, como si carbones ardientes fueran cocidos a fuego lento bajo sus pies.
Entonces lo vio.
Estaba de pie en la cocina, tarareando una canción que ella no reconoció. De espaldas a ella, saqueaba el contenido de su frigorífico. Un suspiro de alivio pasó a través de sus labios cuando notó que llevaba la ropa que le había dado anoche. Excepto que ahora su camisa estaba arrugada y los pantalones colgaban bajos sobre su cintura, burlándose de ella, atormentándola, porque un leve soplo de aire podría hacerlos resbalar hasta el suelo.
Era peligroso arder de esa forma ante la mera visión de él. Pero no sabía cómo controlar su reacción.
______ se aclaró la garganta.
Con un movimiento fluido, Justin giró y desenvainó un cuchillo atado con una correa a su tobillo, listo para golpear. Esa acción la asustó tanto, que sólo pudo parpadear, incapaz de correr, mucho menos de respirar. Él estaba allí de pie, con ese aura mortal de un hombre que sabía exactamente cómo luchar, cómo matar y mutilar, cada una de esas acciones tan aterradoras como el arma en sí misma.
Cuando él comprendió quién era ella, relajó su postura y devolvió la hoja a su improvisada funda. Incluso
aunque el cuchillo estuviera ahora oculto, los latidos de su corazón no redujeron la marcha. Nadie debería ser
capaz de moverse tan rápido o ser tan mortífero.
- Buenos días, _______ — le dirigió una media sonrisa que borró las duras líneas de su boca —. ¿Dormiste
bien?
- No. No lo hice — mordió su labio inferior, mirando aún fijamente la hoja envainada —. ¿Qué haces con ese
cuchillo?
- Necesitaba un arma.
- ¿Por qué?
Con un encogimiento de hombros, se volvió hacia la nevera.
- No te interesa saberlo.
- Sí, en cuanto que llevas mi arma.
- Si tanto te interesa, es para mí protección. Si... — la enfrentó otra vez, esta vez fulminándola con la
mirada, como si todo dependiera de ella — …viajo a Imperia hoy, debo de estar preparado antes de que mis
enemigos me encuentren por casualidad.
Ya le había dicho antes que se iría a casa después de que ella lo llevara ante el psíquico, pero realmente no
había considerado lo lejos que era eso hasta este momento. Por alguna razón que no entendía, el pensamiento de
que se fuera de la Tierra, de pronto la entristeció. Ella quería que se fuera, desde luego, sólo que no a tantos
años luz de distancia.
¿Y por qué tanta prisa por volver, de todos modos? ¿Acaso tenía una familia: una esposa e hijos que esperaban
su regreso? _______ casi pronunció una retahíla de las peores palabrotas que conocía.
Aquí estaba ella, deseando a Justin, triste porque la abandonaba y él muy bien podría estar casado.
Aunque no iba a preguntarlo. Ellos no tenían ningún tipo de relación y, como seguramente le diría, eso no era
asunto suyo.
- ¿Estás casado?
¡Maldita sea! La pregunta surgió antes de que pudiera detenerla. El hombre había tratado de seducirla, después
de todo.
- Casado es unido de por vida, ¿no?
- Sí. Significa eso.
- Entonces, no — de pronto la miró ofendido —. Si fuera así, yo no te habría tocado.
- Oh.
No estoy aliviada, pensó, mientras olas de una emoción desconocida recorrían sus venas. Estoy simplemente
contenta de que el hombre tenga algo de moralidad.
- Así que, ¿conoces la forma de volver a casa?
- Sólo si encontramos un verdadero místico y sólo si.... — se paró y miró a lo lejos.
- ¿Qué? ¿Sólo si me acuesto contigo?
- No. Sólo si te enamoras de mí — contestó él rotundamente.
Ella parpadeó.
- No entiendo.
- Es parte de la maldición. Tú me liberaste. Ahora, libremente y de corazón, debes ofrecerme tu amor o volveré
a convertirme en piedra. Esta vez, para siempre.
- Es broma, ¿no? ¿Intentas llevarme a la cama otra vez? — ella se rió, el sonido débil e inseguro.

17

CAPITULO #17.
Maraton 3/3.


Quizás debería satisfacer las demandas de su cuerpo sólo y, después, perseguir a ______. A lo mejor esta noche debería dejar de hablar de acostarse con ella y concentrarse en intentar ganarse su amistad. Siempre podría ahogarse en un montón de disponibles cuerpos femeninos una vez que volviera a Imperia, un lugar donde las mujeres estaban dispuestas y complacientes a e
ntregarse sin escrúpulos. Dispuestas a desnudarlo completamente y a tomarlo en sus bocas y cuerpos mientras encontraban su propio placer.
Su mirada se deslizó hacia abajo por la longitud de las curvas de ______. Bajo la gloriosa luz de la habitación, su cremosa piel brillaba vital y saludable. La curva de sus hombros le otorgaban una encantadora elegancia, y sus tentadoras caderas aumentaban su atractivo. No, decidió. El mejor modo de conseguirla era seduciéndola, tal y como había planeado en un principio. Además, no quería sólo masturbarse. No quería esperar volver a Imperia para tener a una mujer. Ahora mismo, quería a esta mujer, de este mundo. Esta noche. Tenía toda esa pasión guerrera de _______ dispuesto a quemarlo vivo, y él tenía muchas ganas de quemarse. Y quemarse, y quemarse, y quemarse.
Quizás podría convencerla que durmiera a su lado, ya que ninguna hembra podía resistirse a la presencia silenciosa, seductora de un hombre durante el crepúsculo. Sonrió ampliamente con anticipación. Simplemente, ¿cómo respondería _______ a un toque accidental, a la caricia de su caliente aliento, a un susurro de promesas eróticas?
Ella debía haber sentido la dirección de sus pensamientos porque soltó:
- Tengo otra regla.
Sus manos estaban apretadas en puños. Esas reglas iban a ser su muerte.
- No puedes añadir reglas cuando te resulte conveniente, mujer.
- Puedo y lo haré. Soy la responsable aquí.
- Eso es discutible.
- No, no lo es.
______ le fulminó con la mirada.
Él, a su vez, la fulminó con la suya.
- He decidido oír esa nueva regla. Puedes hablar.
A ______ no le gustaba en absoluto cuando él usaba aquel tono de "soy un hombre por lo tanto decido el destino del mundo". De todos modos obedeció y habló. — Regla número cuatro: nada de compartir cama.
Sorprendentemente, él no se negó. En cambio, cruzó los brazos sobre su duro pecho y dijo:
- Mi ajuste a esta regla es simple. No compartiré tu cama, pero dormiré en tu habitación. Y si no te gusta, simplemente derribaré la puerta y compartiré tu cama sin tu permiso.
¡Argh! Lejos de estar asustada por su amenaza, o incluso intimidada, ______ estaba furiosa y un poquito exasperada.
- No me siento cómoda compartiendo un cuarto contigo.
- Sin embargo, lo harás — arqueó una ceja oscura en desafío. — ¿O tienes miedo de tus reacciones? "
Sus ojos se estrecharon en diminutas rajas, y ella le miró fijamente, resuelta.
- No le tengo miedo a nada.
- ¿Entonces por qué no me permites dormir en tu habitación?
- ¡Porque no confío en que te quedes en el suelo!
Sus hombros se tensaron con la indignación.
- Te he dado mi palabra.
- Bien, quiero un juramento de sangre.
Frunciendo el ceño, él juró enfadado:
- Te juro, aquí y ahora, que no me uniré contigo bajo las sábanas esta noche. Eso no significa que no puedas unirte a mí en el suelo.
¿Por qué tuvo que poner esa idea en su cabeza? _______ señaló con un dedo a su pecho.
- ¿Juras por todo lo que te es sagrado que no intentarás nada?
Las ventanas de su nariz llamearon, pero su tono fue tranquilo. Demasiado tranquilo.
- Ya he contestado a eso.
No, no lo había hecho. No realmente. Sólo había prometido quedarse en el suelo. Una imagen de su glorioso cuerpo extendido sobre la alfombra de su dormitorio llenó su mente. ¿Sentiría ella su calor? ¿Notaria su suave aliento? ¿Olería el olor limpio de su piel?
Ella le había mentido hacia un momento. Tenía miedo de sus reacciones. Mucho miedo. Pero, a pesar de su miedo, iba a dejarle que se quedara en su cuarto. Señor, lo haría. Iba a dejarle quedarse en su cuarto.
Su hermano Erik siempre decía” Mantén a los amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca”. Justin no era su enemigo, pero estaba segura de que el maldito subiría en su lista negra. El hombre no se metería en su cama, pero había emitido una invitación brillantemente orquestada: Unirse.
Si él creía, ni aunque fuera solo durante un minuto, que cedería ante aquella invitación, pronto averiguaría que su erección era en la última cosa en la que pensaba. Bueno, casi la última. Vale, ella no podía dejar de pensar en la maldita cosa. Era enorme.
Soy una idiota, pensó.
- Por si acaso tienes alguna idea en mente, que sepas que dormiré con una maza en una mano y un bote de pimienta en la otra.
Su expresión se volvió burlona.
- Por si acaso tú tienes alguna idea, que sepas que dormiré con una pluma en una mano y aceite de masaje en la otra.
Con aquellas palabras sonando en sus oídos, ______ sabía que no conseguiría dormir mucho.
Ante el comienzo de un dolor de cabeza, ella se masajeó las sienes en un vano intento de alejarlo.
Realmente, estoy en graves problemas...

- Llevo tiempo imaginándome todo lo que me gustaría hacerte,_______ . ¿Te imaginas todo lo que te gustaría
hacerme?
Oh, sí. Sí, ella definitivamente se lo imaginaba.
- En mi mente veo a mis manos coger tus pechos, masajeándolos suavemente, mientras mi lengua lame lentamente un
pezón y espera ansiosa hacer lo mismo con el otro.
Como durante toda la pasada hora, la ronca voz deJustin se deslizaba como la seda, baja, lisa y melosa, tocando a
______ en la oscuridad y dejando un rastro ardiente a su paso. Acalorada, estaba tendida en la cama, con una gruesa
y suave colcha cubriéndola. Pero era el hombre tumbado en el suelo el responsable de que su sangre se calentara,
no su colcha.
______ trató de recordar por qué estaba tan determinada a oponerse a él. Realmente tenía unos motivos, ¿no?
Simplemente no los recordaba, y no estaba segura cuanto más aguantaría antes de que metiera todas sus
preocupaciones en un cajón y se rindiera. El apasionado asalto de Justin, que había comenzado mucho antes de que
empezara a hablar, destruía rápidamente todas sus defensas.
- ¿Quieres sentir el calor de mi lengua?
Obligándose a si misma a no soltar un ¡SÍ!, apretó los labios con tanta fuerza que probablemente se le
quedarían unas arrugas permanentes. De todos modos, ¿por qué le había permitido a Justin dormir en su
habitación.
¿Y por qué, por el amor de Dios, estaba todavía en la cama y no en el suelo con él?
- Tu cuerpo suplicará silenciosamente que te toque entre las piernas — siguió despiadadamente —. Pero no te
tocaré allí con mis dedos. No, bajaré besando tu estómago y te probaré con mi boca, moviendo mi lengua a
izquierda y derecha, luego en círculos, creando una fricción caliente, mojada.
- ¡Prometiste que no intentarías nada!
- Nunca prometí que no hablaría o lo imaginaría. Y lo que me imagino ahora mismo es muy travieso. Tú
estás....
Ella dejó caer su maza y el bote de pimienta en el colchón, que, en realidad, eran un bote de laca para el
cabello y una botella de agua, y se tapó con las manos las orejas, amortiguando su voz. Comenzó a roncar como un
viejo con una sirena antiniebla pegada en la garganta. Todo el tiempo imaginándose que colocaba los azulejos del
cuarto de baño y que les echaba la lechada para que se secara, cualquier cosa con tal de impedir que su mente
pensara en cuerpos desnudos y grandes placeres.